sábado, 17 agosto 2019
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CASOS "DE AYER Y HOY"


El Chacal de Quilmes se ahorcó en su celda de la DDI de Quilmes

Se suicidaba en la cárcel el múltiple asesino de Quilmes (parte 3 y final)

Hugo Acevedo estaba detenido por asesinar a su padrastro, a su mujer, a su ex mujer y a la pareja de ésta. Había matado a todos en solo dos horas el 7 de marzo de 1998, dicen que en la cárcel estaba nervioso porque lo iban a trasladar.

 

  El hombre acusado de asesinar a su mujer, a su ex esposa, a la pareja de ésta y a su propio padrastro, Hugo Alberto Acevedo, se suicidaba en la madrugada del 22 de agosto de 1998 en su celda de la DDI de Quilmes.

 

  Todos los que lo habían visto en sus últimas horas coincidían en una cosa: se lo veía nervioso. A esa intranquilidad se sumaba la noticia de que iba a ser trasladado desde la cárcel de la Delegación de Investigaciones de Quilmes hacia una del Servicio Penitenciario. Sin embargo, todavía no se había designado a cuál. Los policías decían que a las tres de la madrugada lo escuchaban hablando solo y que a las diez de la mañana, cuando fueron a verlo, ya estaba ahorcado con una venda elástica que usaba en el tobillo. Pero por el secreto de sumario no daban más detalles, contaba el abogado defensor de Acevedo, Rubén Parnisari en aquellos años.

 

  Acevedo, de 46 años, era detenido el 15 de julio, por el cuádruple crimen ocurrido el 7 de marzo. Entre la fecha de los homicidios y el arresto pasaban 130 días en los que el sospechoso había estado prófugo. En ese tiempo, se formó un grupo policial especial dedicado a la búsqueda que se turnó durante las 24 horas para buscar y seguir pistas.

 

  Fue uno de los hombres más buscados de Argentina, sumado a eso, el Gobierno bonaerense ofrecía una recompensa de entre 5 y 30 mil pesos por datos que ayudaran a lograr la captura.

 

  Acevedo había sido incluido en una lista de los 14 prófugos más buscados en la provincia de Buenos Aires.

 

  Al ser encontrado, Acevedo tenía el bigote afeitado y el cabello teñido de castaño. Cuando estuvo frente a la jueza del caso, Margarita Allaza de Iturburu, se negó a declarar, pero pidió asistencia psicológica. En la misma declaración, aseguró que él quería entregarse, pese a que fue la Policía quien lo detuvo. La madrugada del 22 de agosto de 1998 fue el final, decidió poner fin a sus días en la sede de Garibaldi y Allison Bell, de Quilmes.

 

  Ante la solicitud de ayuda psicológica, la jueza había ordenado las pericias, aunque dos médicos que lo revisaban coincidieron en que estaba lúcido y ubicado en tiempo y espacio. No dormía , pedía calmantes, pero no se los dieron.

 

  Tenía que estar medicado y su mamá también lo había dicho. La mamá de Acevedo, Ada, fue una de las últimas en ver a su hijo. Ella había ido a verlo y era habitual que le llevara comida. La otra visita que recibió horas antes de morir fue la de una ex pareja (se cree que tuvo tres mujeres: la primera y la tercera son las que fueron asesinadas, y la segunda es la que fue a la cárcel).

 

  Se llamaba  Celia Belén y se habrían conocido años antes de la tragedian en Misiones. Con ellas dos solía escribirse largas cartas. Dicen que les ponía cosas sin sentido, pero que no hablaba de matarse, recordaba el defensor Parnisari y contó que la última vez que lo vio fue el martes previo a su deceso, cuando habían ido al juzgado: en las charlas también era incoherente, se contradecía.

 

  Un día había pedido ampliar su declaración, pero frente a la jueza Allaza de Iturburu cambió de opinión. Ada de Acebedo (- la madre- que había confesado haber colaborado en el arresto) explicaba que le escribía para darle ánimo, “porque hay asesinos y asesinos. Y él es un hombre bueno”, indicaba la anciana.

 

¿Por qué se mató?

 

    El abogado sospechaba que el desencadenante del suicidio había sido la noticia del traslado. “No sabíamos a dónde lo iban a llevar. Nosotros esperábamos que lo internaran”.

 

  Acevedo estaba solo en la celda y pesaban sobre él dos acusaciones: homicidio simple en dos oportunidades y homicidio agravado por el vínculo, en otras dos.

 

  En una de sus declaraciones ante la Justicia, Acevedo había dicho estar arrepentido de lo ocurrido y aclaraba: “la vida me llevó a esto”. Al respecto, la jueza Allaza de Iturburu decía, por aquellos años: “es un hombre que de chico fue golpeado por su padrastro. Su problemática familiar incluye maltratos y eso pudo haberlo afectado psicológicamente. Por eso, además de los homicidios, también se investigaba el entorno familiar de Acevedo”.

 

  El hombre que había a cuatro personas en sólo dos horas, en Quilmes y Berazategui, tenía dos hijas -de 16 y 17 años-. Se dijo que Acevedo había nacido en una cárcel de Córdoba, donde su madre cumplía una condena por abuso de armas y lesiones, y que hasta los 12 años vivió en la calle.

 

  Después había trabajado como taxista y remisero. Los investigadores del caso aseguraban que no se trataba de un asesino serial, que elegía a las víctimas, sino que podía ser un asesino múltiple y que no tenía antecedentes penales. Un caso que sin dudas marcó a la región, el mediaticamente conocido como  “El Chacal de Quilmes”.

 

Guillermo Troncoso
 

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