Siguiendo los pasos del Congreso Nacional y a un año de su sanción, los diputados de Confianza y Desarrollo (CyD) pidieron a la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que adhiera a Ley Nacional 27.797, conocida como “Ley Nicolás de Calidad y Seguridad Sanitaria”, con la intención de prevenir errores médicos y garantizar la adecuada atención de los pacientes.
De esta manera, la iniciativa busca sumar al ámbito local las herramientas y criterios establecidos por la normativa nacional para mejorar la calidad de la atención y reducir riesgos para los pacientes. La misma establece una evaluación sistemática de los procesos de atención, la identificación de riesgos, la prevención de daños evitables y la incorporación de herramientas destinadas a mejorar las prácticas sanitarias. La norma también promueve una mayor transparencia de la información relacionada con la atención médica.

Entre otros puntos, el texto también establece capacitaciones de los equipos de salud y dispone que los programas de residencias incluyan formación en calidad y seguridad de la atención sanitaria. La misma alcanza a hospitales públicos, centros de atención primaria y otros efectores, además de una amplia cantidad de profesionales y trabajadores.
El proyecto también toma en cuenta las condiciones laborales de los equipos sanitarios. La Ley Nicolás contempla la necesidad de contar con una dotación adecuada de personal, condiciones de trabajo apropiadas y jornadas que permitan reducir situaciones de agotamiento que puedan afectar la seguridad de las prestaciones.
Otro eje de la normativa es la participación de las personas usuarias del sistema de salud. La ley nacional reconoce su derecho a recibir información y participar activamente en cuestiones vinculadas con la atención sanitaria, además de establecer el respeto por su autonomía como uno de sus principios.
Cabe recordar que la ley lleva el nombre de Nicolás Deanna, un joven de 24 años que falleció en 2017 debido a una meningitis bacteriana que no fue detectada ni diagnosticada a tiempo. Su madre, Gabriela Covelli, impulsó incansablemente el proyecto junto a organizaciones médicas para transformar el dolor en una herramienta de cambio y protección para los pacientes.