El 20 de octubre de 2004, policías entraron a las dos celdas de la comisaría primera de Quilmes, que alojaba a 17 adolescentes que fueron golpeados y sometidos a torturas. Cuatro de los chicos murieron, diez policías fueron condenados y una oficial también fue sentenciada. La Masacre de Quilmes recuerda cada año a Elías Giménez (15 años), Diego Maldonado (16), Miguel Aranda (17) y Manuel Figueroa (17).
Hoy se cumplen 22 años; por las torturas y el incendio de la comisaría, fueron sentenciados a penas de entre tres y 16 años el comisario Juan Pedro Soria, el subcomisario Basilio Vujovic, el oficial inspector Fernando Pedreira, el cabo Hugo D’Elia, los agentes Franco Góngora, Gustavo Altamirano y Elizabeth Fernanda Grosso, y los oficiales Gustavo Ávila, Héctor Jorge Gómez y Juan Carlos Guzmán. Además fue condenada Elda Guaquinchay Bogado. Tobías Corro Molas desde siempre acompañó a las familias y su reclamo de justicia. A más de dos décadas dialogó con Data Judicial y recordó el legado de las madres que fallecieron años atrás.

Asimismo fue crítico y recordó que la violencia institucional sigue latente en los barrios vulnerables: “la sensación es que la violencia institucional pensábamos que se podía limitar a partir de la organización barrial, y que la causa llevada adelante por las familiares iba a atenuar las víctimas de violencia en el territorio, y esto no sucedió, quizás porque las fuerzas de seguridad también tienen un rol dentro de esta sociedad, que es limitar y controlar la pobreza o a los a los empobrecidos…”.
“Y me parece que lo que uno ve en relación con lo de Bruno (joven abatido semanas atrás en Itatí) es un modus operandi como recurrente, que es que los victimarios, en este caso, Soria y todos los efectivos, siempre se autodenominaron héroes, y las víctimas, los pibes, fueron siempre descriptos por situaciones negativas respecto de causas por las que estaban detenidos, la peligrosidad que representaban. Entonces, esta cuestión de fuerzas de seguridad que generan argumentos con los cuales se autoexculpan, y las víctimas que terminan dando explicaciones acerca de qué hacían, por qué lo hacían y terminan siendo investigados. En el caso de Bruno, quedó claro que la primera versión fue que instalar que era un enfrentamiento, y en segundo lugar, que Bruno aparece investigado en la causas anteriores. De tal forma que se intenta averiguar quién era este pibe, y al poner el enfrentamiento, lo que se intenta mostrar es que en realidad el policía arriesgó su vida porque podría haber sido víctima. Entonces, los victimarios son víctimas y las víctimas terminan siendo señaladas y asociadas a situaciones de violencia”, precisó.
La lucha de las mamás
“Y después, respecto de las madres creo que dejan un legado muy fuerte acerca de la organización, la lucha, la convicción muy asociada a las características de la militancia, ese es el mensaje que nos quedo en el tiempo, agudizado hoy por el duelo de sus ausencias”, finalizó a 22 años de los hechos.