Los datos del INDEC reflejan una caída significativa respecto al primer semestre, pero los especialistas advierten sobre la fragilidad del contexto económico.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la pobreza en Argentina cerró el segundo semestre de 2024 en un 38,1%, marcando una fuerte reducción respecto al 52,9% del primer semestre.
A pesar de esta baja, 17,9 millones de personas continúan sin acceder a los bienes y servicios básicos. La caída en los índices se atribuye a la desaceleración de la inflación, el ajuste de tarifas y una ligera mejora en los ingresos de algunos sectores económicos.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la pobreza en Argentina cerró el segundo semestre de 2024 en un 38,1%, marcando una fuerte reducción respecto al 52,9% del primer semestre. A pesar de esta baja, 17,9 millones de personas continúan sin acceder a los bienes y servicios básicos. La caída en los índices se atribuye a la desaceleración de la inflación, el ajuste de tarifas y una ligera mejora en los ingresos de algunos sectores económicos.

El nivel de indigencia también registró un descenso, ubicándose en 6,4% a fines de 2024, en comparación con el 13,6% del primer semestre. Esto implica que alrededor de 3 millones de personas viven en condiciones de extrema vulnerabilidad. Sin embargo, la situación sigue siendo alarmante para los menores: más de la mitad de los niños y adolescentes de entre 0 y 14 años en Argentina se encuentran por debajo de la línea de pobreza, alcanzando el 51,9%.
Desde el Gobierno, la administración de Javier Milei celebró la “fuerte caída” de la pobreza en el segundo semestre del año, atribuyéndola a las reformas económicas implementadas. Según un comunicado oficial, la reducción de los índices es consecuencia directa de la “lucha contra la inflación” y la “estabilidad macroeconómica” alcanzada tras la eliminación de restricciones económicas. Sin embargo, analistas advierten que la baja de la pobreza no implica una mejora estructural y que el poder adquisitivo de la población sigue debilitado.
Expertos en economía y políticas sociales sostienen que el fenómeno de los “trabajadores pobres” persiste y que, si bien hubo una caída en el índice general de pobreza, la percepción de la población sigue reflejando dificultades económicas. En ciudades como Buenos Aires, los niveles de pobreza mostraron un descenso progresivo a lo largo del año, pero algunos analistas señalan que la mejora en los indicadores podría ser coyuntural y no una recuperación sostenible en el tiempo. Además, el empleo formal registró una leve caída del 1,6% en el año, lo que equivale a casi 100.000 puestos de trabajo menos.
En este contexto, las proyecciones para 2025 son inciertas. Aunque el Gobierno confía en que la tendencia a la baja en la pobreza continúe, economistas advierten que si no hay una mejora sostenida en los ingresos reales y en el consumo, el alivio podría ser temporario. Mientras tanto, la realidad cotidiana de millones de argentinos sigue marcada por la dificultad para llegar a fin de mes, a pesar de los índices estadísticos positivos.