En una conmovedora jornada comunitaria que entrelazó el arte urbano con el reclamo inclaudicable de justicia, organizaciones sociales, de Derechos Humanos y vecinos del conurbano sur se congregaron ayer para inaugurar un mural en memoria de Andrea Viera. La intervención artística fue plasmada sobre una de las paredes del Jardín de Infantes Nº 947, ubicado en el Barrio Paraná, en la intersección de la calle Los Inmigrantes y la arteria 1333.
La fecha elegida para la actividad de memoria colectiva no fue azarosa: coincidió con el 24º aniversario del trágico episodio de violencia institucional que terminó con la vida de la joven varelense tras ser torturada por efectivos de la Policía Bonaerense.

La convocatoria de su hermana y el respaldo barrial
La iniciativa fue impulsada y encabezada por Eugenia Vázquez, hermana de Andrea y referente histórica en la visibilización de los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad en la región. Vázquez, quien estuvo acompañada por diversas agrupaciones políticas y de derechos humanos que aportaron materiales y pinceles para la jornada, destacó la importancia de territorializar la memoria en espacios educativos e infantiles del barrio para concientizar a las nuevas generaciones bajo la estricta premisa de “Nunca más violencia institucional”.
La pintada colectiva comenzó en horas de la mañana del sábado y se extendió hasta la tarde, transformándose en un espacio de encuentro vecinal, mateada y reflexión sobre la seguridad democrática en los barrios populares de Florencio Varela, Quilmes y Berazategui.
El caso que marcó la historia judicial de la región
El crimen de Andrea Viera, ocurrido en mayo de 2002, se consolidó como uno de los precedentes más oscuros y emblemáticos del Departamento Judicial de Quilmes. La joven de 25 años y su pareja fueron detenidos de manera arbitraria en la vía pública y trasladados a la sede de la Comisaría 1ª de Florencio Varela.
En el interior de la seccional, Andrea fue víctima de severas torturas físicas y psicológicas que le provocaron un colapso sistémico. Tras agonizar durante doce días en el hospital local, falleció el 22 de mayo de ese año. La persistente lucha de su familia logró romper los encubrimientos corporativos, derivando en históricos juicios orales que culminaron con la destitución y condena a prisión perpetua de los principales policías implicados en los tormentos seguidos de muerte.
