El obispo de Quilmes, Carlos Tissera, junto al obispo auxiliar Eduardo Gonzalo Redondo, ofrecieron una homilía con definiciones sobre la realidad social, política y espiritual que atraviesa la Argentina, en la que combinaron un llamado a la memoria histórica con una mirada crítica sobre la actualidad.
Uno de los pasajes más contundentes estuvo centrado en el recuerdo de los años de la última dictadura militar. “Hace cincuenta años transitamos la noche oscura y violenta del terrorismo de Estado”, expresaron, al tiempo que evocaron “la cruz en los 30.000 desaparecidos y en el sufrimiento de la gran mayoría de las familias de nuestro Pueblo de Dios”, marcadas por la represión y políticas económicas que, señalaron, “solo trajeron violencia, muerte, miseria y desempleo”.
En otro tramo de la homilía, los obispos pusieron el foco en la situación social actual, con especial énfasis en los sectores más vulnerables. “Hoy estamos viviendo una situación triste y difícil”, advirtieron, al describir el panorama de los jubilados (puntualizaron que la mayoría recibía 380 mil pesos mensuales más un bono de 70 mil) que perciben ingresos mínimos, la quita de beneficios en medicamentos y las dificultades crecientes para afrontar los gastos cotidianos. También mencionaron la problemática de los discapacitados, docentes y trabajadores de la salud, así como la pérdida de empleo y el endeudamiento de las familias.

“Tristemente, el día a día genera violencia a flor de piel, divisiones y conflictos que nos llevan a padecer situaciones muy dolorosas”, remarcaron, en una lectura que vinculó la crisis económica con el deterioro del tejido social.
Sin embargo, el mensaje pascual también incluyó una fuerte convocatoria a la esperanza y al compromiso comunitario. En ese sentido, destacaron que “vivir la alegría de la buena noticia de Jesús resucitado significa asumirme necesitado del otro”, subrayando que “la vida real es relación, vínculo, encuentro, comunión y participación”.
Finalmente, los obispos llamaron a superar las divisiones y construir una sociedad más solidaria: “El seguimiento de Jesús resucitado nos lleva a bajar los muros de la división y tender puentes de encuentro, diálogo y compromiso con todos, buscando el bien común”.
La homilía también hizo referencia al proceso interno que atraviesa la diócesis con el III Sínodo diocesano, en el que invitaron a la comunidad a dejar de lado “los miedos, los prejuicios y las orejeras”, para responder “con ternura y esperanza” a los desafíos del presente.
